
Publicado el 30 de junio de 2023
El ahorro energético no es solo una cuestión de reducir la factura de la luz. Es también una de las formas más directas de reducir el impacto ambiental de un hogar o una empresa, sin esperar a que cambien ni la normativa ni el precio de la electricidad. Esto es en qué consiste, por qué importa y qué hábitos concretos ayudan a conseguirlo.
Qué es el ahorro energético
El ahorro energético consiste en reducir la cantidad de energía necesaria para obtener el mismo resultado: la misma luz, la misma temperatura de confort en casa o el mismo funcionamiento de un electrodoméstico, pero consumiendo menos para conseguirlo. No se trata de renunciar a nada, sino de usar la energía de forma más eficiente y evitar el consumo que no aporta ningún beneficio real.
Por qué importa reducir el consumo eléctrico
Parte de la electricidad que circula por la red todavía se genera en centrales que emiten CO2 y otros gases de efecto invernadero. La proporción exacta varía según el momento y el mix de generación, pero mientras exista esa parte, cada kWh que no se consume es una emisión que no se produce. Reducir el consumo eléctrico, tanto en el hogar como en la empresa, es una de las formas más accesibles de contribuir a limitar el calentamiento global y la contaminación asociada a la generación de energía.
Generar tu propia energía con placas solares para el hogar
Además de consumir menos, existe una segunda vía: generar parte de la energía que consumes. Las grandes eléctricas lo hacen desde hace años con parques solares y eólicos a gran escala. A la escala de una vivienda o una nave industrial, la instalación de placas solares para autoconsumo permite algo parecido: generar energía renovable en el propio tejado y reducir la dependencia de la red. No es la única medida de ahorro energético, pero suele ser la que más impacto tiene sobre la factura a medio y largo plazo.
Hábitos que reducen el consumo en casa
Algunos hábitos reducen el consumo sin necesidad de ninguna inversión:
- Cambiar la iluminación a LED, que da la misma luz consumiendo mucho menos que una bombilla incandescente o halógena.
- Aprovechar la luz natural y usar persianas y cortinas según la estación: cerradas para conservar el calor en invierno, bajadas en las horas de más sol en verano para no sobrecargar el aire acondicionado.
- Revisar el aislamiento de puertas y ventanas, uno de los puntos por donde más se escapa la climatización de una vivienda.
- Poner la lavadora, el lavavajillas o la secadora con la carga completa, en lugar de hacer varios lavados a media carga.
- Tener en cuenta la etiqueta de eficiencia energética al renovar un electrodoméstico.
Ajustar la climatización
La calefacción, el aire acondicionado y el agua caliente están, en conjunto, entre los mayores consumidores de energía de una vivienda. Ajustar el termostato unos pocos grados (algo menos de calefacción en invierno, algo más de temperatura en el aire acondicionado en verano) reduce el consumo de forma notable sin afectar demasiado al confort. Programar la climatización para que no funcione en las horas en que la vivienda está vacía tiene el mismo efecto.
Fuera de casa: movilidad y otros hábitos
El ahorro energético no se limita a la factura de la luz. Usar el transporte público, la bicicleta o caminar en los trayectos cortos, en lugar del vehículo privado, reduce también el consumo energético asociado a los desplazamientos.
El ahorro energético combina hábitos de coste bajo, como los anteriores, con decisiones de mayor impacto, como generar tu propia electricidad con placas solares. Si quieres saber cuánto puede reducirse tu dependencia de la red con una instalación adaptada a tu consumo real, pide un estudio gratuito con tu factura de la luz.
